Playa Senator

Un destino de lujo

con infinitas playas de arena blanca

Conoce Djerba

La isla de Djerba en Túnez, también llamada Yerba o Los Gelves, es la mayor isla del norte de África, con 514 km2 de superficie y más de 125 km de extraordinarias playas de arena blanca y aguas cristalinas. Situada en el Golfo de Gabés, al sudeste de Túnez, Djerba goza de un clima excepcional con temperaturas que no bajan de los 20º C desde abril hasta noviembre.

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Gastronomía

Las playas y paisajes paradisíacos de Djerba invitan al visitante a relajarse, mientras que su rico patrimonio histórico, cultural y gastronómico son una invitación al deleite y al descubrimiento. La gastronomía de Djerba es típicamente tunecina, llena de colores y matices. Para conocerla, nada mejor que probar el cuscús o los tajines condimentados con harissa, así como los ricos pasteles dulces con dátiles, pistachos, almendras… acompañados de un delicioso té a la menta.

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Houmt Souk

Houmt Souk, la capital de la isla, es famosa por albergar las ruinas de la dinastía aglabí y también por ser su centro comercial y el lugar indicado para disfrutar de un animado paseo por sus zocos. Aquí podemos encontrar algunas de las mezquitas más impresionantes de Djerba, como la de Sidi Brahim el Jamni (s. XVIII) o la de los Extranjeros, así como visitar el antiguo fuerte español. Para quienes deseen conocer las riquezas folclóricas de la isla, nada mejor que visitar el Museo de Artes y Tradiciones Populares.

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Ocio

Otro destino ineludible es la sinagoga de “La Ghriba”, ubicada en el barrio judío de Djerba. Según la leyenda, la primera piedra que se colocó para su construcción procedía del mismísimo Templo de Salomón. La isla ofrece al visitante una amplia oferta de ocio y deportiva: golf, restaurantes, bares, casino, discotecas… Para combinar momentos de relax y descanso con actividades más animadas.

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La Djerba de Ulises

Según la tradición, la isla de Djerba es la “Isla de los Lotófagos” descrita por Homero en “la Odisea”. A su regreso de la guerra de Troya, huyendo del canto de las peligrosas sirenas, Ulises y sus compañeros encontraron esta isla de sorprendente belleza donde abundaban los frutos del loto -posiblemente dátiles-, que emanaban un delicioso aroma y tenían un sabor dulce como la miel. Todos comieron de ellos excepto Ulises, y cayeron en un placentero estado de amnesia que borró de sus mentes todas sus preocupaciones.

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